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Confección de prendas con lana de borrego, en picada en Ecuador

La confección de prendas a mano y con hilo puro de borrego es cada vez más difícil. Y de lo que era una actividad próspera ahora está en descenso. Y es que a esta área también le llegó la competencia de la industrialización china, con diferencias en calidad y precios. ¿La consecuencia? La progresiva desaparición de los artesanos.

Procesar la lana, vender los hilos, hacer bordados, confeccionar prendas con la habilidad manual va quedando para el recuerdo. El ritmo actual es otro. La lana de los borregos está previamente vendida. Los proveedores de esta materia prima la compran para sus envíos al exterior, especialmente, a China. Los comerciantes criollos deben padecer para obtener la lana. Por suerte, algunos son clientes antiguos y por eso les guardan algo del producto.

Lo que hasta hace poco costaba $ 0,40 la libra de lana para procesar, ahora se paga a $ 0,60. Ese aumento influye en su costo final para los artesanos ecuatorianos, ya que no podrán seguir vendiendo a $ 3 la libra de hilo blanco y a $ 5 el multicolor. Estos valores ya no son competitivos porque a más bajo precio hay hilos de China.

Los días fuertes para las ventas son los sábados. En un buen día se vendía entre $ 2.500 y $ 3.000, ahora en el mejor de los casos llegamos a $ 600, dice Rolando Cushcagua, con 10 años dedicados a este negocio.

Rolando tiene nostalgia: Esta actividad era buena, confiesa. Y explica que los hilos que vienen de China son una feroz competencia. No son puros, puesto que ya tienen una mezcla de producto sintético, pero son más baratos. A simple vista no se nota, pero en el producto terminado sí.

Por ejemplo, un poncho hecho con hilo puro es más pesado y cuesta unos $ 50, el elaborado con hilo importado es más liviano y su precio está entre $ 25 y $ 30. La diferencia está en que mientras un poncho criollo se elabora en un par de días, el industrializado se hace en pocas horas.

En su pequeño taller, Estela Cushcagua borda una blusa. Sus hábiles manos van dando forma a una colorida figura. Cuenta que antes bordaba para entregar a los almacenes, pero con la ropa importada y que también viene con bordados y a un precio inferior, esta actividad decayó. Sufre porque esa competencia está terminando con los talleres.

Otra dura realidad se vive en la única fábrica de hilos que queda en Otavalo. Uno de sus administradores que prefiere no dar su nombre cuenta que la actividad ya no es la misma que hace un año y medio. Antes se conseguía con facilidad la lana que es su materia prima. Se traía el producto y luego se pagaba, ahora es por anticipado y no siempre hay fondos.

Relata que buscaban un préstamo en entidades del Gobierno y en la banca privada, pero hay mucho papeleo.

En la Plaza de los Ponchos la situación tampoco es boyante. Como es mediados de semana hay pocos turistas. Don Manuel se esmera ofreciendo sacos. Muestra uno que es de lana pura y cuesta $ 28. Pero puede llevar el de alpaca, que vale $ 25, “aunque puede ofrecer”. También hay gorros, guantes y otras prendas a precios cómodos, pues son importados y cuestan menos que los locales. (I)

FUENTE: EL UNIVERSO

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