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Israel se puebla de cabañas en la fiesta de Los Tabernáculos

“La construcción de cabañas sirve para recordar la precariedad de la vida, particularmente la del pueblo judío”, explica Dana Sharon, una estudiosa del judaísmo que se prepara para ejercer como rabina de la corriente reformista.

“La tradición de las sucot empezó después de la destrucción del Segundo Templo, un acontecimiento traumático con el que los judíos se dieron de bruces con la transitoriedad de la vida. La cabaña es el símbolo de la casa, la casa temporal”, indica.

Antes de que se escribiera la Torá (Pentateuco bíblico), la fiesta que después se convertiría en Sucot se celebraba sin fecha fija, dependiendo del clima y de la recolección.

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Niños judíos ultraortodoxos decoran el interior de un Sucot para la celebración de la fiesta.

Levítico

Una vez que se escribe la Torá, uno de sus libros, el Levítico estableció: “En el día décimo quinto del séptimo mes se celebrará la fiesta de los Tabernáculos para Dios durante siete días”, y así se fijó la fecha.

La ley judía indica que justo después del ayuno de ‘Yom Kipur’ o Día de la Expiación (que este año tuvo lugar el pasado 30 de septiembre), deben comenzar las construcciones de las sucot.

El silencio del Día de Contrición queda roto por martillazos, voces, caída de maderos al suelo, que se prolonga a lo largo de la noche, dependiendo de la destreza de los constructores.

Las indicaciones de la Mishná (recopilación de la Torá oral) son precisas: el largo de los palos, el material con el que se han de construir, la distancia que deben guardar las cuerdas con las que se amarran los extremos, cosa que se cumple estrictamente en los barrios ultraortodoxos como Mea Sharín, en Jerusalén, y Bnei Brak, cerca de Tel Aviv.

La idea de la fiesta, que comenzó el miércoles y termina dentro de siete días, es pasar el mayor tiempo posible dentro de la sucá, lo cual es un mandamiento y una bendición.

Se debe desayunar, comer, cenar y hasta merendar y tomar el aperitivo bajo la sucá, “también si te apetece un té con galletas a deshora, todo lo relacionado con alimentos se hace en la sucá”, explica Sharon Roter, editora de una revista de educación judía para mujeres.

En la cabaña también se reciben huéspedes y por la noche se contemplan las estrellas a través de las hojas de palma que en las cabañas ‘kasher’ forman el tejado.

“La sucá es un lugar santo, te hace salir de la seguridad de tu hogar a un lugar más expuesto, más cerca de la naturaleza y las estrellas, y si entras en ella estás bendecida porque te rodea entera”, señala Roter, joven madre de cinco hijos, con el cabello cubierto por una pañoleta, al uso de las religiosas judías.

Con el paso del tiempo la fiesta de los Tabernáculos se convirtió en una de las tres Fiestas de Peregrinación del judaísmo, junto con Pesaj (Pascua) y Shavuot (Semanas), en las que los fieles llevaban al Templo de Jerusalén los productos tempranos de sus cosechas.

Y, poco a poco, la precariedad de la sucá se empezó a interpretar también como la fragilidad del pueblo judío en su vagar por el desierto en el éxodo egipcio camino de la Tierra Prometida. (I)

FUENTE: EL TIEMPO

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