Header

Papa Francisco: Éxito, poder y dinero son tentaciones que esclavizan

El aula Pablo VI repleta de fieles llegados de los cinco continentes fue escenario ayer de la segunda audiencia general del papa Francisco, después de la pausa de verano del mes de julio, en la que el pontífice continuó su catequesis sobre el primer mandamiento del Decálogo, profundizando sobre la idolatría, con la escena bíblica del becerro de oro, que representa el ídolo por excelencia, informó el portal vaticannews.va.

El papa invitó a los siete mil fieles presentes a detenerse en el contexto en el cual se desarrolla este episodio del libro del Éxodo, y se pregunta: ¿Qué es el desierto?. “El desierto –afirma– es el lugar en el que reinan la precariedad y la falta de seguridad” donde no hay nada, “faltan el agua, la comida y el amparo”. Y esta –evidencia el papa– “es una imagen de la vida humana, cuya condición es incierta y no posee garantías inviolables”. Esta inseguridad genera en el hombre “ansiedades primarias”, como el comer y beber.

Francisco explica que la naturaleza humana, para escapar de la precariedad, de la precariedad del desierto, busca una religión ‘casera’: “si Dios no se deja ver, nos hacemos un dios a medida” –afirma– y pone en evidencia que “frente al ídolo no hay riesgo de una llamada a salir de la propia seguridad, porque los ídolos tienen boca y no hablan”. “Entendemos entonces que el ídolo es un pretexto para ponerse en el centro de la realidad, en adoración de la obra de las propias manos”.

La necesidad de un ídolo lleva a Aarón a crear un becerro –entonces símbolo de fecundidad, abundancia, energía y fuerza– hecho de oro y, por lo tanto, representación por excelencia de la riqueza.

“Estos son los grandes ídolos: el éxito, el poder y el dinero. ¡Son las tentaciones de siempre!”, advierte Francisco. “Esto es el becerro de oro: el símbolo de todos los deseos que dan la ilusión de libertad y que, en cambio, esclavizan, porque el ídolo siempre esclaviza”.

“La gran obra de Dios –subraya el papa– es quitar la idolatría de nuestros corazones”.

Francisco explica que “todo nace de la incapacidad de confiar sobre todo en Dios, de poner nuestra seguridad en Él, de dejar que Él sea el que dé verdadera profundidad a los deseos de nuestros corazones”. Y advierte que esto “también apoya la debilidad, la incertidumbre y la precariedad”. (I)

FUENTE: EL UNIVERSO

También te puede interesar ...

0

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *