Opinión

Cambiar la economía y la política por Antonio C. Maldonado V.

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Enfrascados como estamos en el problema rutinario que nos tiene esposados sin poder actuar correctamente ha quedado la pista libre para los cárteles, violencia criminal, pandillas, extorsionadores, terroristas, sicarios y más formas delictivas con el atraco en viviendas, en la vía pública, negocios y bodegas utilizando armas de fuego o las llamadas blancas, etc. y algo impensado que es el asesinato de miembros de la Policía Nacional, debido a lo cual el Gobierno dispuso Estados de Excepción en determinadas provincias según como aumente el caos, lo que evidencia que no existe ningún Plan Político Nacional para enfrentar la vibrante delincuencia concretándose en la requisa de estupefacientes, actividad que por fin “descubren” ha existido en nuestro país desde el siglo pasado y no desde hace pocos años solamente de Colombia sino en los primeros años de Perú y Bolivia ya que no somos productores de plantaciones ni la industrializamos; el Gobierno de nuestro país por sí solo no podrá erradicar ese mal, por eso hay que tener en cuenta el discurso del actual Presidente de Colombia Gustavo Petro, en la Asamblea General de las Naciones Unidas: que un Gobierno solo no podrá terminar o por lo menos disminuir el poder de los narcotraficantes, por eso se requiere una Asamblea Mundial de los Estados que no están comprometidos con las mafias para frenar este cáncer que liquida a los países, ya que también existen los que mueven sus economías en base al narcotráfico en forma similar que los “señores de la guerra” que venden armamento de todo calibre incluidos los de artillería y aéreos de la industria de los países altamente desarrollados a los que no producen esas mercancías, completando esta actividad con la educación para que desde la niñez conozcan el daño que les puede producir, el tratamiento psicológico con los salas especializadas en los hospitales y otras más.  

Para que la sociedad tenga vida digna y futuro promisorio deben cambiarse los programas gubernamentales relativos a la economía y la política, los que no existen; pues, no debemos acatar ciegamente las imposiciones del FMI dejando de lado atender el mandato constitucional de equilibrar el presupuesto nacional para que no falten los recursos destinados a salud, educación y seguridad, que nunca se cumple, si bien los rubros indicados teóricamente constan en el presupuesto se pagan, pero no más allá de un 40%, resultando la paradoja de para qué queremos educación ausente de salud y seguridad. 

Como la pandemia y posteriormente la Guerra en Ucrania han servido para hacernos conocer que vivimos en un país de delincuentes, pero no solamente de los de “tuerca y tornillo callejeros” sino de los enquistados en anteriores y actuales administraciones que tienen enredada a la Asamblea Nacional y la administración de justicia tratando de desenredar el ovillo a fin de sancionar si son culpables o absolverlos, lo que no se modifica simplemente con cambio de autoridades como está aconteciendo; desde luego en lo político esto obliga al Primer Mandatario a efectuarlo porque hay muchos que ilusoriamente parecía iban a cumplir el rol encomendado pero no mismo atinan a dar en bola. 

Como el año 2022, ponto termina para entrar en nuevo periodo que todos ansiamos sea de paz y felicidad, esperemos que esto se acelere. 

 

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