Opinión

Consultas populares y proyecto bicameral

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En medio de la galopante e indetenible pandemia sin un plan acertado de vacunación, el mandatario electo ha comenzado a publicitar una parte del primer enjambre de sus colaboradores en algunas áreas del servicio nacional que como es obvio deben ser integrantes de su agrupación política y aliados desde el inicio de su candidatura como el Partido Social Cristiano y los posteriores de la segunda vuelta entre los que se encuentra Izquierda Democrática, que debería llamarse “Derecha Democrática”; falta la enumeración de los principales funcionarios; esperemos que como pregona a diario el elegido, esto es, que gobernará el beneficio de los 17 millones de ecuatorianos, esperan varios que les toque algo en la administración pública ya que los nuevos funcionarios gubernamentales igual que los legisladores lo primero que los preocupa y ponen en marcha es la recuperación de los gastos de campaña. 

Se escucha a diario por varios sectores políticos y empresariales adictos al nuevo gobierno realizar nuevas Consultas Populares para una serie de reformas constitucionales entre las que consta la supresión del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, la protección del Parque Nacional Yasuní, prohibir las actividades mineras en sitios donde se contamina el agua para consumo humano, animal y agrícola; las consultas pedidas por diversos sectores políticos y sociales no serían convenientes en el momento que atravesamos y luego de haber transitado por dos elecciones en las que el ausentismo fue significativo y seguramente no existan recursos económicos que requiere el CNE para llevarlas a efecto; algo más la consulta popular debe ser sobre un tema determinado como se lo hace en todos los países más no como se viene estilando sobre varios asuntos encuadrados en una serie de aditamentos que nadie los lee. 

También está en la mesa de discusión el criterio de disminución del número de Asambleístas y retorno a la bicameralidad con la Cámara de Senadores lo que de aprobarse presupone la elección de nuevos legisladores, surge entonces la interrogante: ¿para qué y por qué elegimos a los actuales asambleístas?… 

En el pasado, refrescando la memoria, hasta el retorno al régimen de derecho en 1979, existía y hasta antes de la dictadura el sistema bicameral en el Parlamento Nacional en el que el Vicepresidente de la República ejercía la Presidencia del Congreso Nacional, con lo que el Ejecutivo consolidaba sus poderes, desde luego esto no sucedió siempre porque como se votaba en papeleta aparte para Presidente y Vicepresidente en dos ocasiones una cuando la “gloriosa chusma” del Dr. Velazco Ibarra omitía votar por el vicepresidente y quedó electo el Dr. Jorge Zavala Vaquerizo, destacado penalista del Partido Liberal a quien ni siquiera se le otorgó una oficina y tuvo que renunciar; en el caso del Ing. Febres Cordero resultó electo Vicepresidente el Liberal Dr. Blasco Peñaherrera a quien el Presidente le puso el mote de “serrucho” porque decía que pasa serruchándole el piso; el Senado se convirtió en la tranca para que cursen las resoluciones aprobadas por la Cámara Baja cuando no convenía a los intereses del Ejecutivo y muchas leyes pasaron archivadas. 

Sobre la bicameralidad debe realizarse un estudio a profundidad si conviene o no porque el Parlamento Bicameral con el proceso evolutivo de la sociedad existe solo en los países con estructura estatal federal como los Estados Unidos de Norteamérica donde cada Estado de la federación tiene su gobierno autónomo y el senado solo trata o resuelve asuntos de orden internacional que afecten a la integridad de la nación o problemas que no pueden ser resueltos por los organismos de alguna federación, esto es a diferencia del nuestro que es unitario. O

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