Opinión

El libre ingreso a las universidades por Antonio C. Maldonado V.

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La existencia de las universidades es muy antigua y estuvo regentada y dirigida en su totalidad por las corporaciones religiosas escuelas monásticas y catedralicias que preservaban los mandatos dogmáticos que fueron enfrentados por científicos de la edad antigua como Leonardo Da Vinci, Galileo, Newton y otros que sin haber recibido educación en ningún centro académico investigaban y trataban de dar solución a los enigmas que encerraban el mundo, la vida, la naturaleza y el espacio sideral por lo que fueron en algunos casos sancionados por la Inquisición; en Europa desde el siglo XII la enseñanza se confió a los consejos o villas y a las corporaciones de artesanos y mercaderes. En lo docente era la corporación de los maestros y escolares que como en Paris que surgió la Universidad posteriormente a las discrepancias y a veces en pugnas con el obispo. 

En nuestro país desde la época feudal impuesta por la metrópoli española y bajo la regencia de los Jesuitas de Nueva Granada se crearon Universidades en Santo Domingo, México, Lima y en Quito en 1586, lo que nos da como resultado que en esta ciudad se desarrolló una importante actividad intelectual como la que recibió Eugenio Espejo; sistema educacional que tuvo un trascendental cambio con la Revolución Liberal de 1895, que desafiando la dominación clerical implantó e impulsó la educación laica sin excluir la confesional, que perdura constitucionalmente en todos los niveles, sistema que amplía el ingreso anteriormente concedido exclusivamente a jóvenes de clase social y económica cuyos progenitores disponían. 

Una de las grandes conquistas de la Juventud Estudiosa latinoamericana fue alcanzar la Autonomía Universitaria, que el actual gobierno intenta restituir, Reforma Universitaria conocida como el “Grito de Córdoba” en 1918, protagonizada por los estudiantes universitarios de esa ciudad Argentina, que se llevó a efecto para democratizar la Universidad encadenada al capricho de los gobernantes de turno y cuyo éxito tras una dilatada huelga y enfrentamiento con la fuerza pública se extendió no solo a los Centros de Educación Superior de ese país sino a todos los de América Latina hasta que alcanzaron la anhelada Autonomía Universitaria, que la manteníamos totalmente hasta hace poco tiempo que se creó la SENESCYT, organismo que total y parcialmente limitaba la autonomía en los Centros de Educación Superior, en unos casos justificada por corrupción y en otros para mantener empleos con buenas remuneraciones. 

El actual libre acceso de los bachilleres a la educación superior tiene algunas limitantes que no se pueden cumplir inmediatamente por Decreto Ejecutivo, como es el deseo del actual Gobernante, porque para ingresar libremente a las universidades se debe tomar en cuenta que por mandato constitucional la educación pública es obligatoria hasta el Nivel Básico y gratuita hasta el Bachillerato enlazada a la explosión demográfica que ocurre en todos los países, lo que comporta una mayor afluencia de estudiantes a las aulas y para su atención se requiere mayores recursos económicos ya que necesitarían mayor número de catedráticos así como ampliación de laboratorios, bibliotecas, personal administrativo y de servicios; además se requiere reformas constitucionales a la Ley Orgánica de Educación a fin de garantizar enseñanza y aprendizaje de calidad que es lo que se requiere para enfrentar el futuro, como anuncian algunos legisladores; por lo tanto es necesario trazar un nuevo programa con académicos de alto nivel. 

 

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