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Estudio determina el índice de desarrollo humano de los 221 cantones de Ecuador

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El Informe sobre Desarrollo Humano del Ecuador que analiza las condiciones económicas y sociales de los 221 cantones del país fue presentado la mañana del 12 de septiembre en el hotel Oro Verde en Guayaquil.

El estudio realizado por los investigadores Juan José Illingworth Felipe Campaña toma en cuenta el ingreso económico que tendría cada poblador según lo que genera cada cantón (Producto Interno Brito cantonal), el acceso a la educación incluyendo el nivel de analfabetismo y la esperanza de vida.

El cálculo se hace con un cruce de estadísticas oficiales.  Con ello se elaboró un índice de desarrollo humano siguiendo los mismos parámetros que aplica la Organización de las Naciones Unidas (ONU), según sus autores, para determinar el nivel de desarrollo de los países del mundo con las categorías de bajo, medio, alto y muy alto.

La Fundación Ecuador en su vigésimo octavo aniversario hizo la presentación del estudio cuyos resultados se incluyeron en el libro.

Pedro Aguayo, presidente de la Fundación Ecuador, afirma que es importante conocer la realidad de los cantones antes de tomar decisiones de políticas públicas. “Para lograrlo debieron recopilar, organizar y analizar la parcial y segregada información estadística existente con el objeto de dar la coherencia necesaria que permita al sector público imaginar políticas de estado que consigan una mayor satisfacción de las necesidades de la población“, afirmó.

El concepto de bienestar inicialmente asociado a la riqueza económica, hoy debe también asociarse a los indicadores sociales y ambientales, recordó Aguayo sobre el prólogo del libro realizado por el ex vicepresidente Alberto Dahik.

“Este es un libro sobre cifras y Ecuador tiene una gravísima costumbre de hablar sin cifras”, dijo Dahik sobre la investigación.

En Ecuador usamos poco las cifras, lanzamos tesis, defendemos rabiosamente posiciones, atacamos conceptos sin cifras, sin evidencias, lo que hace este libro es reunir cifras y evidencias… No se trata aquí de las posiciones o las tesis, se trata de cifras sobre las cuales se pueden tener tesis y defender ciertas posturas” , agregó.

Dahik acotó que quiere creer que de estas cifras pueden resultar “muchas teorías e ideas para cambiar las cosas  en el Ecuador” en temas como la redistribución de los ingresos.

La ONU estableció que el país tiene un nivel de desarrollo alto, al igual que el resto de las naciones de la región como Perú y Colombia.

La esperanza de vida de los ecuatorianos  al 2016, año de referencia de las cifras analizadas en el estudio, es de 76,5 años. 

En el libro se elabora un índice con el dato de cada uno de los cantones en las distintas áreas señaladas.

Illingworth indica que con el índice de desarrollo humano (IDH) se supera el análisis concentrado solo en analizar la riqueza económica generada. “De qué sirve tener dinero en la billetera si hay poca esperanza de vida al nacer“, reiteró Illingworth.

El top 5 de los cantones con el mejor IDH  en la investigación son  Sevilla de Oro (con un puntaje de 0.9114), La Joya de los Sachas (0.9082), Rumiñahui (0.9012), Quito (0.8892) y Coronel Marcelino Maridueña. Guayaquil aparece en el puesto onceavo de los 221 cantones del país.

La esperanza de vida alta en Sevilla de Oro, un cantón de seis mil habitantes, es uno de los factores que lo catapulta al primer lugar.

En los últimos diez puestos están los cantones Salitre (0.6851), Olmedo (0.6956), 24 de Mayo (0.6988), Santa Ana (0.7003), Jama (0.7014,) Paján (0.7102), Quinsaloma (0.714), Pichincha (en Manabí, 0.7102), Sigchos (0.7185) y Pedernales (0.7224).

En el plano económico la riqueza petrolera marca la diferencia y hace que cantones de el Oriente como La Joya de los Sachas, en Orellana, esté en primer lugar en la categoría del ingreso por habitante.

Análisis de Alberto Dahik

El ex vicepresidente de la República Alberto Dahik afirmó en la presentación del libro que se debe entender que hay políticas económicas que producen lo que llamó como “perversas redistribuciones de ingresos entre regiones“, más allá del tipo de sistema político que se aplique en un país, ya sea el federado o unitario.

Dahik lo ejemplificó con lo ocurrido en la historia del país. Refirió que durante la década de los setenta del siglo XX  la inflación promedio de Ecuador  fue del 12%, mientras que en la de los cincuenta fue del 1% y en la de los sesenta de -3%.

Sin embargo, dijo, el tipo de cambio permaneció congelado a 25 sucres por dólar. ¿Qué significó aquello en términos de redistribución regional?, preguntó Dahik al auditorio. El mismo respondió que “una inmensa cantidad de riqueza del sector agrícola exportador de la Costa transfirió recursos hacia quienes con divisas baratas podían consumir con un sueldo que crecía y por lo tanto valía más en dólares, podía consumir más y más importaciones“.

Se dio en ese entonces “una transferencia de recursos a todas aquellas actividades económicas que utilizando materia prima importada, artificialmente abaratada por un dólar que no debía valer 25 sucres, tenían una enorme renta y riqueza”.

A ello se juntó, según Dahik, una política de control de precios de los productos de primera necesidad como el arroz, maíz y la soya para hacer el aceite. La conclusión, aseveró, es que “más allá de cualquier modelo, federado o unitario, la redistribución de ingresos que ocurrió de una región a la otra, no ha sido suficientemente estudiada y ponderada en el Ecuador”.

Este escenario se repitió en el país durante el periodo 2006-2017, según  Dahik. “Un tipo de cambio rígido (con dolarización)… El mismo modelo y ha habido una redistribución de ingresos del sector productor de exportación hacia los sectores asalariados, especialmente burocráticos cuyo salario subió más rápidamente que en el sector privado y cuya gran masa salarial se concentra en  una burocracia regional, es decir, nuevamente se produce una gran transferencia de recursos a través de la política pública que no es necesariamente la política de redistribución”, afirmó.

De ahí que la publicación del libro aporte con cifras que hablan sobre las realidades locales. “Celebro que empecemos a entender las cosas con cifras y analizarlas en base a cifras, no en base a postulados ideológicos, no en base a condiciones regionales, no en base a preferencias o gustos, el gran aporte del libro es que habla de cifras”, concluyó. (I)

FUENTE: EL UNIVERSO

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